42 mil golpes

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42 mil golpes

El cuerpo humano se compone de 206 huesos con 230 articulaciones, alrededor de 639 músculos, y 21 diferentes órganos.

La mente humana –aún tras miles de años de esfuerzo por parte de científicos, filósofos, poetas, místicos y chamanes– al ser un fenómeno totalmente subjetivo y personal, es mucho menos clara en su definición y más difícil de explicar.

A pesar de estas diferencias, ambos comparten una misma y paradójica característica. Son al mismo tiempo más frágiles de lo que aparentan y mucho más fuertes de lo que creemos.

Si bien las cifras exactas dependen de una variedad de factores –como el peso corporal, el terreno, el calzado o la técnica de carrera– de acuerdo a las fórmulas más utilizadas, alguien de 70 kilos corriendo a ritmo de competencia recibe un impacto de alrededor de 120 kilos de fuerza en cada paso.

La zancada promedio de un corredor es de aproximadamente un metro, lo que significa qué tiene que dar alrededor de mil pasos para recorrer un kilómetro.

Nadie conoce a ciencia cierta la distancia exacta que recorrió Pheidippides en la legendaria carrera entre las ciudades de Maratón y Atenas, por ello cuando el barón Pierre de Coubertin tuvo la idea de revivir los Juegos Olímpicos, tomó como base la distancia entre ambas ciudades –aproximadamente cuarenta kilómetros– para crear una carrera a la que llamó –en honor a la leyenda– maratón. Esta distancia continuó variando hasta los Juegos Olímpicos de Londres en 1908, cuando quedaron establecidos como distancia oficial los 42,195 metros actuales.

Todos estos datos, que por separado pueden parecer poco más que una curiosidad, adquieren un significado especial al asociarlos a la experiencia de correr un maratón.

Cuando unimos todos estos elementos, nos damos cuenta que durante esta prueba un cuerpo humano promedio no solo tiene que resistir el esfuerzo de mantener un ritmo de carrera, sino que además lo hará mientras todo el sistema músculo-esquelético y los diferentes órganos que contiene reciben el impacto equivalente a 42 mil golpes de un martillo a lo largo de, dependiendo de su velocidad, entre 3 y 6 horas.

Es una experiencia durante la cual la mente de cada persona puede recorrer todo el espectro de sensaciones y emociones –del entusiasmo a la desesperanza, de la risa a las lágrimas, del dolor a la euforia, de la rabia al éxtasis, del infierno a la paz. Y en la que la línea entre seguir adelante o darse por vencido y detenerse se vuelve a veces tan delgada que llega a ser prácticamente inexistente.

A lo largo de todas las épocas, en todas las culturas han surgido prácticas de transformación basadas en el mismo principio, someter el cuerpo y la mente a condiciones extremas como una forma de transformación. Aún en nuestro mundo moderno, tan alejado del misticismo y la espiritualidad, es muy común escuchar a muchos decir que quien ha corrido un maratón puede hacer cualquier cosa.

Esta afirmación, si bien tiene un halo de verdad, no es del todo cierta… o al menos no de la manera tan fácil y directa como tantos carteles motivacionales quisieran hacernos creer. Prueba de ello son los miles de personas para quienes, a pesar de todo lo que implica, correr un maratón tan solo les aporta una medalla más para su colección o, peor aún, nada más que un nuevo peldaño en la escalera del ego.

La realidad es mucho menos mágica pero más sencilla.

Cuando decides aceptar el reto de comprometerte a respetar la disciplina necesaria para prepararte física y mentalmente, aún sabiendo el costo que el maratón demandará de tu cuerpo y de tu mente, te estás haciendo una promesa a ti mismo de no rendirte hasta cruzar la meta.

Correr un maratón con esta promesa en la mente y el corazón tienen un efecto muy especial. Tal vez al al momento mismo de cruzar la línea final, tal vez varios días después, cuando menos te lo esperas de pronto caes en cuenta de algo tan obvio como maravilloso.

No es que el correr un maratón te haga capaz de hacer cualquier cosa que te desees.

Lo único que hace el maratón, con todos y cada uno de esos 42 mil golpes, es mostrarte que siempre pudiste hacerlo…

Tan solo necesitas estar dispuesto a fijarte una meta, y hacer lo necesario para alcanzarla.

Aún si ello implica soportar 42 mil golpes.

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