Salir de la trampa

Cuando practicamos un deporte tan competitivo como el running, a veces es bueno hacer una pause para reflexionar acerca de lo poco que realmente necesitamos para vivir felices.

Es verdaderamente fascinante la manera como, sin siquiera darnos cuenta, caemos en la sutil trampa de la insatisfacción que la sociedad y los medios nos imponen.

De pronto ya no es suficiente tener un lugar donde vivir, un medio de transporte y comida en la mesa. Para “ser alguien en la vida”, nos dice incansablemente nuestro entorno, tienes que aspirar a tener más que los demás.

¿Vives feliz en un departamento?- ¡Deberías vivir en una casa!

¿Vives contento en una casita sencilla? – ¡Deberías vivir en un condominio horizontal exclusivo!

¿Vives a gusto en un condominio horizontal? – ¡Deberías tener una mansión en el club de golf!

Y así el ciclo se repite de manera infinita.

La realidad es que, para poder sobrevivir, nuestro modelo de consumo requiere que nos mantengamos eternamente insatisfechos.

¿Pero alguna vez te has preguntado hasta donde puede llegar este eterno juego del burro y la zanahoria?

¿Existe realmente un momento en el que podamos decir “basta, ya es suficiente”?

La buena noticia es que la respuesta es SI… la mala es que eso implica ir totalmente a contrapelo de lo que la sociedad en general espera y demanda de nosotros.

Es un camino difícil, pero no imposible. Basta con decidirse a dar un primer paso relativamente sencillo pero muy poderoso.

La próxima vez que sientas el deseo de comprar algo primero pregúntate; “¿Es esto realmente necesario?”

Si eres capaz de responderte con absoluta sinceridad te darás cuenta de que la mayoría de las veces la respuesta es NO.

Tal vez termines comprándolo de todas formas, pero al menos te habrás hecho consciente de las verdaderas razones que te decidieron a hacerlo y, casi sin darte cuenta, empezarás a salir de la trampa.

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